viernes, 16 de marzo de 2012

Bicle


El 12 de diciembre de 2003, o 4, ya no recuerdo bien, me atropelló un taxista en Insurgentes, esquina con Francia, donde ahora reposa un millonario Starbucks. En aquella época, no había ni cafetería, ni Metrobús. La verdad me fue bien, mi madre se encargó de hacerme fuertecita. Supongo que tuvo una premonición cuando se le volteó su Renault en el Periférico estando embarazada de mí, a mediados de 1982. Sí, como ustedes, los dos lectores que tengo, han de saber mi fatídica historia con vehículos con más de una rueda, no voy a abundar en eso.
Lo que quiero compartir es que pasé poco menos de una década sintiendo pavor cada vez que tenía una bici en las manos y más de dos coches a mi alrededor. Hace casi un año, gracias a la persistencia de mi hermana, la influencia de la ecobici, y muchos factores más, decidí tomar el manubrio de mi vida y regresar al ciclismo urbano. Por mucho, la mejor decisión de mi vida.
Es normal en mí tomarle cariño a las cosas, y hasta ponerles nombre a algunas: Trompas, el dálmata de peluche con el que duermo en los brazos desde que tengo memoria; mis coches, como Pepe, Pointercito o Chevito (todos terminaron hechos chatarra); hasta Tazota, la primera propiedad que adquirí en mis múltiples mudanzas; Mus, el imán en forma de alce, que debido a mis descuidos y borracheras terminó sin cuernos (debería agradecerme, jajaja); Chulo, un perro-alebrije que me regaló un Mainer entrañable como oferta de paz. La lista podría continuar hasta que mi defectuosa memoria se diera por vencida. De todos, Bicle, mi bici, herencia en vida de mi padre, es lo mejor que me ha pasado en estos últimos años de constante incertidumbre.
Bicle estuvo de adorno en mi depa de la Independencia. Mejor dicho: de perchero, hasta que se le desinflaron las llantas y Diego, AKA mi minimí, llegó a sarlvarla. Todos los ocho nefastos meses que viví en un depa de mierda, ahí estuvo Bicle, paciente, inamovible, soportando los escándalos de mis vecinos cubanos, el drama de la muerte de Chanto, mis 24454353 inquilinos temporales, la llegada, partida y rasguños de Tá, mis pedas de buró. Ahí estaba Bicle, recargada en una ventana que mantenía sellada, esperando su momento, sobre un frío azulejo, barato y feo. Ahí, mi adorada bicicleta de montaña esperaba que perdiera el miedo de enfrentar el tráfico de esta hermosa y caótica ciudad.
Llegó Diego, y como el papá de Britney Spears, cuando tomó la custodia de los hijos de la princesa del pop, se la llevó a terapia: la arregló, la limpió, se enfrentó a mecánicos manchados, etc.. La dejó como nueva, como cuando, a principios de los dos miles, la recibió mi papá, con una sonrisa de niño, de regalo de navidad.
Después de mudarme a la Roma y acomodar y reacomodar todos mis muebles, herencia de una vida cómoda, hacer contratos, los cuales incluían compromiso con cualquier ser masculino que quisiera una relación, contratar cablevisión y firmar una tarjeta de crédito.
Después de deshacerme de muchos demonios, un día, decidí volver a montarla, volver a sentir la adrenalina de la calle, y tolerar los claxons de automovilistas impertinentes, y no me arrepiento.
Bicle, es un objeto, soy consciente, pero me ha dado mucho. Me dio la posibilidad de establecer rutinas, las cuales son mi único apegoal día a día, de la realidad. Bicle me ha permitido hacer ejercicio y disfrutarlo. Sí, acepto que de niña era Mowgli; me trepaba por donde podía. Literal, entre mis historias raras, terminé un día en Los Perros, Estado de México, escalando una pared y viendo a otro escalador caer 20 metros y romperse la madre. Bicle me quitó ese miedo. Bicle me recordó que, si bien he abusado de lo fuertecita y masicita que me hizo mi madre, aún tengo dos brazos y dos piernas que se mueven a mi gusto y voluntad.
Ahora disfruto más mis extremidades, después de que me dijeron que pude haber quedado parapléjica, en mi segundo gran accidente. Estos brazos toman el control del manubrio de mi vida. Descubrí que soy zurda en la bici, que, en escasos 4 kilómetros de esta ciudad que recorro, camino al trabajo, son capaces de controlar mi recorrido.
Bicle no es perfecta, me ha dado sorpresas y sustos. El último fue cuando su oxidado manubrio se hizo chicloso en medio de Av. Nuevo León. Pero, hasta en eso, Bicle o el destino, o mi dios, Indio (Indio, are you there? It's me, Mariana), me echaron la mano. Sucedió a dos cuadras de mi mecánico favorito en la condes, un tipo mamón a morir, pero honesto y empático. "Ahora, ¿qué te pasó, Marianita?" me preguntó al verme llegar con el manubrio en la mano, y, como de costumbre, al borde del llanto. Le conté que Bicle me dejó varada.
Desde que Minimí se mudó a Bajío, mi depa, Bicle pasa las noches a la intemperie, feliz de recibir el cobijo de una lona para camioneta que le compré cuando empezaron las lluvias.
Será mi imaginación o mis ganas de pasar un día más en bici, pero cada vez que la destapo a las 6:30, me recibe con una gran sonrisa y luces prendidas diciendo: "¿vamos, vamos, me sacas a pasear?".
Demonios, creo que necesito un perro en mi vida, buenas a todos.

miércoles, 22 de junio de 2011

Hace mucho que no publico. Muchos jugos de mamey con coco, litros de jugo de naranja y hasta néctares de durazno de Jumex (a falta de pan...). Todo va bien, ilusiones y desilusiones. Sólo puedo decir que siempre critiqué a mis amigos hombres (una considerable mayoría) por perder la cabeza por un par de nalgas. Yo la perdí por una cara bonita.
El destino, contrario a los últimos 28 años, ha estado de mi lado estos últimos meses. Cada día estoy más cerca de irme de este país hermoso, carcomido por el narco, though. Sí, cada día uso más pochismos. No me molesta, ahora, que creo tener un manejo casi perfecto de mi lengua, puedo jugar al espanglish, casi tan divertido como Sardines.
Eso me recuerda el día en que jugué Sardines (escondidillas, en gringo), cuando elegí un escondite tan eficaz que mis amigos del momento, algunos aún presentes, terminaron, tras tres horas de búsqueda, en medio de una nevada noche de 20 grados bajo cero, gritando: Meriaaaaanaa... this is not funny anymore. Me sentí como el niño de Where The Wild Things Are. Finalmente salí, congelada, pero meada de la risa.
Lo que me recuerda que leo y leo, pero nunca me acuerdo de los finales felices.

jueves, 3 de marzo de 2011

Leer

Como buena lectora y periodista, sueño con volverme una literata. Mi mala suerte me ha hecho acumular vivencias. Mi problema es que me siento mal al compartirlas. Es como esa canción de X. Sariñana. ¡Qué ingenua mi inocencia, mi inocencia. Qué elegancia hacerte hacerte sentir mal!

Rosi

Rosi es mi vecina de enfrente. Para los meses que llevo viviendo en este condominio, es poco el contacto que hemos tenido. Sin embargo, es de lo más bienviajoso que tengo alrededor.
A veces veo a Rosi fumando en el pasillo. Tiene una nena de 2 años, por lo que, imagino, no quiere fumar en casa. Se ve más joven que yo. Creo que es una de esas mujeres que se embarazan para tener seres preciosos, pero noplaneados.
Igual, la Alexa, su bebé, es la buena onda y no se entera de lo feo y naco que es su padre.
Ambas, Rosi y yo, compartimos impresiones sobre los cubanos que viven en el departamento sobre mi. Malviajosos como ellos solos.
Ella me cuenta chismes de vecindad, yo, como en pocas ocasiones, sólo escucho.
Conclusión: rosi, es la buena onda, y por eso, se merece un post.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Electreando


Freud nos dijo que todos buscábamos a nuestras parejas de acuerdo con las personalidades de nuestros padres o madres. Tal vez, conmigo, sea el caso. Hoy vi Somewhere, de Sofia Coppola. No pude evitar recordar a mi amigo Chris, el de "I do it my self". "En algún lugar del corazón". Y al mismo tiempo, cuando Cleo estaba en el Ferrari de su padre llorando camino a su campamento de N semanas en, supongo, Nevada, me vi a mí misma (amén, por las redundancias) en la carretera México-Toluca con mi padre, yendo a Metepec, Edomex, cuando aún era un pueblo jodido.
En una camioneta estaquitas, expresaba todas mis ideas, fantasías, diálogos confusos, con mi padre.
Recuerdo muy bien que cuando me iba a dormir, y fingía estar dormida, Mario, mi papá, me daba palmadas en mi hombro, cubierto por una camiseta talla xxs del, entonces, museo nacional de arte contemporáneo, después comprado por Televisa, donde compré, además de esa camiseta, un poster de Francesco Clemente, que aún conservo frente a mi cama, además de la obra maestra "A map of Maine".
Aún queda un espacio vacío en mi pared, me falta "Pooping crocodiles", del maestro Vincent Leonetti. Esa es la imagen que adorna este post.

martes, 11 de enero de 2011

Zapatos

El otro día en el metro vi un payaso. Veo muchos últimamente. Sí, payasos de verdad. Lo vi y me pareció algo patético. A muchos, los payasos les parecen aterradores. A mí me parecen más tristes, y no por la lagrimita que algunos se pintan en el cachete, debajo de sus ojos.
Cuando vi a este hombre con grandes zapatos bostonianos azules, me pregunté: ¿qué lo llevó a tomar ese oficio como un modo de vida? Entonces, imaginé que tal vez sólo es uno de esos tipos cagados que siguió su vocación. Pero, como diría Borat: NOOOT.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Niño o niña

Pues esto va a quemarme. Siempre dije: soy como un niño. En cualquier situación. Durante mi prepa y universidad me junté principalmente, o circunstancialmente, con hombres, más que con mujeres. Desde que perdí peso, todo el mundo me decía lo bonita que era mi cara. Sin embargo, sigo riéndome de chistes y los albures que logro entender y de los cuales, otras mujeres no se ríen. Supongo que encuentran la gracia, pero no les parece chistoso.
Entre mis adicciones y mi forma de vida, un día me dejaron por... una niña que parecía niño.